Un reciente estudio elaborado por investigadores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) abrió un debate sobre la evolución de la pobreza en Argentina. Aunque los datos oficiales muestran una marcada reducción del indicador durante el último año, el trabajo sostiene que parte de esa mejora podría responder a aspectos metodológicos y no necesariamente a una transformación profunda de las condiciones de vida de la población.
La investigación fue realizada por especialistas del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP y analiza cómo se construyen los indicadores de pobreza que publica el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Según las cifras oficiales, la pobreza pasó de ubicarse por encima del 50% en el primer semestre de 2024 a rondar el 30% durante el primer semestre de 2025. Sin embargo, los investigadores Iván Albina, Leonardo Gasparini y Leopoldo Tornarolli consideran que una caída de semejante magnitud resulta difícil de explicar únicamente a partir de mejoras económicas concretas.
El trabajo no cuestiona los datos del INDEC, sino algunos aspectos del método utilizado para medir la pobreza, especialmente en contextos de alta inflación y fuertes cambios en los precios relativos.
Uno de los puntos analizados es el desfase temporal entre los ingresos declarados por los hogares y los precios utilizados para calcular la canasta básica. Mientras los ingresos relevados suelen corresponder al mes anterior, la línea de pobreza se construye con valores actualizados.
En períodos de inflación elevada, esa diferencia puede hacer que los ingresos parezcan más bajos en comparación con el costo de vida, generando una sobreestimación de la pobreza. Cuando la inflación se desacelera, el efecto se reduce y el indicador muestra una baja más pronunciada.
Otro aspecto estudiado es el denominado subreporte de ingresos, es decir, la tendencia de algunas personas a no declarar todos sus recursos en las encuestas oficiales. Según el informe, este fenómeno habría sido más frecuente durante los períodos de mayor inestabilidad económica y menos intenso cuando la inflación comenzó a moderarse.
Para los investigadores, una mejora en la declaración de ingresos también puede provocar una caída estadística de la pobreza sin que exista necesariamente un cambio equivalente en las condiciones materiales de los hogares.
El estudio también señala que la canasta básica utilizada para definir la línea de pobreza continúa basada en patrones de consumo elaborados hace casi veinte años. Desde entonces, los gastos de los hogares cambiaron significativamente y rubros como transporte, alquileres, servicios públicos y conectividad adquirieron un peso mucho mayor.
Actualizar esos patrones de consumo modificaría el valor de la canasta y, en consecuencia, la evolución de los indicadores de pobreza.
La conclusión más llamativa aparece cuando los investigadores combinan las tres correcciones metodológicas. Mientras los datos oficiales muestran una reducción superior a los diez puntos porcentuales, el trabajo estima que la baja efectiva podría haber sido de apenas 1,7 puntos en el período analizado.
La discusión también fue abordada por la socióloga e investigadora de la UNLP María Eugenia Rausky, quien remarcó que toda medición estadística implica decisiones metodológicas y conceptuales.
La especialista sostuvo que la pobreza no puede analizarse únicamente desde los ingresos, sino que debe contemplar otras dimensiones vinculadas a la vivienda, la alimentación, los cuidados, el acceso a servicios básicos y la protección social.
En ese sentido, destacó la importancia de complementar las estadísticas con investigaciones de campo que permitan comprender cómo viven y enfrentan la pobreza las familias en su vida cotidiana.
El estudio del CEDLAS vuelve a instalar una discusión de fondo: cómo medir la pobreza de manera más precisa para interpretar la realidad social, evaluar políticas públicas y diseñar respuestas efectivas frente a una problemática que continúa afectando a millones de argentinos.