sábado 20 de julio de 2024 - Edición Nº2054

Ciudades

Paseos gratuitos

Buscan convertir a la Isla Maciel en un atractivo turístico de Avellaneda

La Comuna local y ACUMAR organizan visitas turísticas guiadas los viernes y sábados. Además, junto a los vecinos revelan los secretos y murales de un terruño que vivió un siglo sometido al prejuicio social



Fábricas cerradas, calles peligrosas, prostitutas que asomaban desde las chapas de los conventillos, delincuencia… Durante años, en el imaginario de los porteños eso significaba la Isla Maciel, esa isla que no es isla ubicada frente a la ribera del Riachuelo, en el partido de Avellaneda.

Pero hoy, sus vecinos y las autoridades quieren cambiar ese concepto. Asi, con visitas guiadas, buscan darle un carácter turístico al pago y revalorizar lo que fueron los orígenes plagados de gente trabajadora y honesta.

La idea, surgida tiempo atrás, crece cada fin de semana. La gran cantidad de turistas que cruzan hacia la orilla sur del Riachuelo por el puente Nicolás Avellaneda o el emblemático Transabordador de La Boca generó la idea en los funcionarios de la Municipalidad de Avellaneda, la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) y la Universidad Nacional de Avellaneda.

De esa forma nació el circuito turístico “El puente y sus dos orillas”, un recorrido por la Isla Maciel que despega de la costa boquense los viernes y los sábados a las 10. El plan es gratuito.

El circuito turístico de la Isla Maciel

Lo primero que hace el circuito turistico, comanadado por guías especializados con la ayuda de vecinos, es terminar con la imagen de que Maciel sea una isla, ya que no está separado del continente. En ese territorio que lleva el nombre de Cosme Maciel, un político santafesino «exiliado» que tenía un astillero en la zona, viven unas 7.000, según el último censo.

«Jamás me imaginé que esto sería así. Para mi, la Isla Maciel siempre fue una isla. Y no voy a mentir: en mi cabeza esto era un lugar horrible, peligroso y para evitar. Hoy, tras haber hecho el paseo, me di cuenta de lo prejuicioso que fui. El lugar es digno de conocer, con lugares muy pintorescos, iguales o más lindos que los que hay en La Boca», cuenta Gustavo Petrini, vecino de Olivos, que ya hizo el recorrido.

Al bajar de lado de Avellaneda la caminata sigue por la calle Pellegrini para hacer escala en la esquina de los cuatro bares, puntos de encuentro frecuentados por los trabajadores de los astilleros y del Frigorífico Anglo, que llegó a contar con 16 mil empleados por turno.

Se sigue por la plaza José Hernández y el Polideportivo Municipal, la casa-museo de la familia de carpinteros Eusebi -su nieto es uno de los guías del paseo-, la parroquia Nuestra Señora de Fátima y la casa donde se filmaron escenas de la película «La Mary», donde Susana Giménez y Carlos Monzón iniciaron su romance auténtico en los años ’70.

Luego, como no podía ser de otra manera, se llega a la cancha de San Telmo, una de las seis referencias de «Avellaneda, capital Nacional del Fútbol». El Estadio Osvaldo Baletto es ese cajoncito azul y celeste que se ve desde el puente, paso obligado desde Capital Federal hacia La Plata, por la Autopista.

Fue inaugurado el 24 de noviembre de 1929, cuando se jugó el primer partido oficial. Hoy, a casi un siglo de aquel día, el Candombero sigue jugando allí, y con orgullo, sus partidos oficiales de AFA. En el año 2015 se construyó «La nueva tribuna las Heras» ampliando la capacidad del estadio a 10.000 espectadores, y así las nuevas cabeceras de cemento, reemplazaron a los míticos tablones de madera.

Se desanda luego por dos circuitos mensuales, uno de contenido histórico y el otro ideal para deleitar los sentidos con más de 700 murales, pintados en fachadas de viviendas y paredones de plantas industriales por vecinos, alumnos de la Escuela Secundaria N° 24 Argentino del Valle y artistas argentinos y del exterior.

El regreso a La Boca puede ser en el transbordador o utilizando la plataforma peatonal del nuevo Puente Nicolás Avellaneda, que cuenta con ascensores, escaleras mecánicas y cámaras de seguridad y facilita el cruce de los habitantes de la Isla Maciel que estudian o trabajan en la Ciudad de Buenos Aires.
 

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