6 octubre, 2022 4:21 am

Se impone una modificación de las PASO en la Provincia

Concebido en 2009 con la finalidad de jerarquizar y fortalecer a los partidos políticos desde la autoridad que da el apoyo popular y la participación ciudadana, es innegable que el sistema de elecciones Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias merece hoy ser revisado y modificado.

Desde su implementación, las PASO dieron, en muchos casos, muy buenos resultados porque permitieron consolidar coaliciones electorales y dotar de vigor y legitimidad a determinadas candidaturas, evitando las definiciones “a dedo”. Pero también es verdad que, así como han sido un valioso mecanismo para dirimir postulaciones, en muchas ocasiones se han convertido en un ejercicio ocioso, que sólo funciona como una gran encuesta y que implica para el Estado, y sobre todo para los ciudadanos, enormes costos económicos y también riesgos institucionales.

Para que las PASO vuelvan a tener un rol importante en nuestro sistema democrático, hay que trabajar en optimizarlas a partir de la experiencia de los procesos electorales vividos bajo ese sistema, descubrir las falencias y corregirlas. Sin ir más lejos, basta ver el mapa electoral de 2019. En el ámbito nacional, ningún partido político presentó en las PASO más de un precandidato presidencial. Lo mismo ocurrió en la jurisdicción bonaerense: de las nueve fuerzas que participaron de las PASO, ninguna dirimía en esa instancia su candidatura a gobernador, ya que todas llevaban un solo precandidato. Los bonaerenses tuvieron que ir a votar, pero sin posibilidad de elegir. Aunque parezca un juego de palabras, fueron elecciones sin elección. En cualquier de las fuerzas políticas en cuya interna decidiera participar el ciudadano, no había más que una sola alternativa.

En una misma línea de análisis, en los cargos locales, también hubo PASO con precandidatos a intendente únicos en 48 municipios, es decir, más de un tercio de los 135 distritos bonaerenses. Se trató de una elección en la que no se elegía nada. De los 87 municipios restantes, 48 sólo tuvieron interna en una sola fuerza política, 26 en dos agrupaciones, y sólo en 13 distritos hubo una competencia entre precandidatos en tres o más espacios políticos. Esto significa que las PASO sirvieron efectivamente para dirimir candidaturas en unos pocos casos.

Con estos datos de la realidad cabe, en principio, poner fin a la gran encuesta en la que, en ocasiones, se transformaron las PASO, lo cual no equivale a suprimir esa herramienta indispensable para que los partidos o frentes electorales puedan dirimir sus candidaturas desde la participación ciudadana.

La evaluación de esa radiografía del último proceso electoral, impone con naturalidad preguntarnos por qué no se realizan las primarias sólo en aquellos casos en los que exista una real competencia entre precandidatos. De esa manera, se preservaría el espíritu y el valor de esa institución electoral que sólo se aplicaría en las situaciones en las que tenga verdadero sentido.

Fue en esa dirección que el año pasado presenté un proyecto de ley en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires que apunta a realizar esas modificaciones para el caso de la definición de candidaturas provinciales y locales.

El fortalecimiento de los partidos políticos exige, a esta altura, que el mecanismo de elecciones internas no quede desvirtuado y que no se desnaturalice el objetivo con el que fueron concebidas las primarias.

Otro dato de la realidad que nos convoca al análisis fue el perjuicio que tuvo para todos los argentinos el resultado de las PASO en las últimas elecciones nacionales, con un efecto colateral no previsto, ya que provocó una turbulencia institucional que derivó en un clima de inestabilidad política y económica a poco más de dos meses de que se celebraran las elecciones generales. Fue una elección abstracta que, sin embargo, produjo un terremoto de incertidumbre que tensionó los equilibrios político-institucionales.

No se trata, en definitiva, de descartar el sistema de las PASO sino de reformularlo y perfeccionarlo a partir de la experiencia. Esa adecuación incluiría, entonces, la proclamación automática de candidatos cuando se dé el caso de que todos los partidos presenten listas únicas.

Entre otras modificaciones, en el proyecto de mi autoría propongo, además, que la provincia de Buenos Aires tenga la facultad de desdoblar sus primarias de la nacional. Eso permitiría que los bonaerenses puedan elegir a sus candidatos locales sin el “arrastre” de postulaciones nacionales y concentrándose en el debate de los asuntos provinciales y municipales.

También es necesario redefinir la obligatoriedad de las PASO. En caso de haber más de un precandidato, los partidos o frentes deberían realizar los comicios, pero al mismo tiempo exceptuar de la obligatoriedad de votar a los ciudadanos. Los electores deberían decidir libremente si participan o no en la interna de una determinada fuerza política.

Es evidente que el sistema merece revisiones y adecuaciones que eviten su desnaturalización y contribuyan, a la vez, a la estabilidad institucional y a la cuidadosa utilización de fondos públicos. Sería tan erróneo deshacernos de las PASO como mantenerlas tal y como existen hoy. La realidad impone trabajar todos los sectores, sin mezquindades, para mejorar una herramienta que ya dejó de cumplir el fin para el que fue concebida.

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