Las recientes declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, reabrieron el debate sobre la apertura comercial y volvieron a colocar a la industria textil bonaerense en el centro de la escena. La discusión se activó luego de que el funcionario afirmara que nunca compró indumentaria producida en el país, un comentario que generó fuerte repercusión pública y política.
El planteo fue profundizado por el vocero presidencial, Manuel Adorni, quien sostuvo que la importación de ropa no implica pérdida de empleo. Esa afirmación contrastó con la situación que atraviesa el sector textil, históricamente sensible a los cambios en precios relativos, políticas arancelarias y condiciones de competencia externa.
En este contexto, el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) Buenos Aires difundió un comunicado en el que propuso ampliar la mirada del debate. Según la organización, la discusión no debería reducirse a una dicotomía entre apertura o proteccionismo, sino abordarse como parte de una definición más profunda sobre el modelo de desarrollo productivo.
El documento advirtió que la competitividad de las pequeñas y medianas empresas textiles depende de factores estructurales que exceden la coyuntura importadora. Entre ellos, señaló la elevada presión impositiva, las cargas laborales, los costos logísticos y las deficiencias en infraestructura, variables que afectan de manera directa a la producción radicada en la provincia de Buenos Aires.
Desde el MID también remarcaron que las políticas de protección implementadas en distintos períodos beneficiaron a grandes actores del sector, pero no pueden extrapolarse a la realidad de miles de pymes que enfrentan dificultades crecientes para sostener su actividad y preservar el empleo.
El comunicado puso especial énfasis en el impacto territorial de una apertura indiscriminada. La organización recordó que en el interior bonaerense existen polos textiles con trayectoria y conocimiento acumulado en ciudades como Mar del Plata, Las Flores, Pergamino, Benito Juárez, Pigüé y Coronel Suárez.
Según el análisis, desarticular lo que queda de esa estructura industrial implicaría una pérdida de capacidades productivas difícil de revertir en el mediano plazo. En ese sentido, el MID cuestionó la posibilidad de reinstalar políticas de precios máximos en la indumentaria, al considerar que ya demostraron limitaciones, pero también alertó sobre los riesgos de una liberalización total sin contemplar la realidad productiva bonaerense.
El trasfondo del debate, planteó la organización, es el cierre sostenido de pymes y el aumento del desempleo, fenómenos que reducen el consumo y debilitan el mercado interno. Frente a ese escenario, la discusión central debería orientarse a cómo generar empleo moderno y competitivo sin trasladar los costos al consumidor final.
El MID concluyó que el desafío no pasa por optar entre apertura total o cierre absoluto, sino por definir un modelo de desarrollo capaz de integrar industria, trabajo y competitividad. En ese marco, recuperó una frase histórica de Carlos Pellegrini que sintetizó el eje del planteo: “Sin industria no hay Nación”.