viernes 23 de enero de 2026 - Edición Nº2606

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Centinela del Mar, el rincón costero casi deshabitado que protege fósiles y playas intactas

Con apenas cuatro residentes permanentes, este enclave del sudeste bonaerense resguarda un patrimonio natural y científico único, lejos del turismo masivo.



Centinela del Mar se consolida como uno de los sitios más singulares de la costa atlántica por su escasa población estable y su enorme valor ambiental. Ubicada en el partido de General Alvarado, la localidad cuenta con solo cuatro habitantes permanentes y veintitrés kilómetros de costa prácticamente intacta, donde conviven playas desiertas, restos fósiles y una tranquilidad poco habitual en la región.

Declarada Reserva Natural por su relevancia geológica y paleontológica, la zona protege tres extensas playas de arena fina que incluso durante la temporada estival reciben pocos visitantes. El entorno agreste, el silencio y la amplitud del paisaje convierten al lugar en un destino elegido por quienes priorizan el contacto directo con la naturaleza.

Un acceso que forma parte del viaje

El arribo a Centinela del Mar requiere atravesar caminos rurales que refuerzan la sensación de aislamiento. Desde la Ruta 88 se accede por un trayecto de tierra de diecisiete kilómetros, luego de cruzar el Arroyo del Pescado, un factor que vuelve clave la planificación según las condiciones climáticas.

A pesar de su baja densidad poblacional, el pueblo posee un trazado urbano de cincuenta y seis manzanas frente al mar. En ese espacio se levantan entre cuarenta y cincuenta casas de veraneo, cuyo crecimiento se proyectó bajo criterios de bajo impacto ambiental y respeto por el entorno original.

Un enclave de valor arqueológico y científico

Desde 1912, el área fue escenario de más de cien investigaciones científicas que permitieron reconstruir parte de la historia natural de la región. Ese recorrido derivó en el Proyecto Reserva Natural Centinela del Mar, impulsado por la Fundación Azara, con el objetivo de preservar ambientes costeros y restos fósiles de gran importancia.

Especialistas destacaron que el sitio permite estudiar procesos geológicos y paleontológicos claves para comprender la evolución de especies de la costa bonaerense. En ese marco, se desarrollaron charlas orientativas destinadas a visitantes interesados en la biodiversidad local.

El hotel abandonado como testigo del pasado

Dentro del paisaje sobresale la silueta del antiguo hotel “El Castillo”, construido por un inmigrante español durante la década del 50. La edificación funcionó durante años como refugio para turistas y científicos, en una época en la que los accesos resultaban extremadamente precarios.

El establecimiento cerró hacia fines de los años 80 y permanece tapiado desde entonces. Su estructura, visible frente al mar, se transformó en un símbolo del pasado turístico de la localidad y en un recordatorio del desarrollo que nunca llegó a consolidarse.

Fauna protegida y servicios mínimos

Las playas vírgenes de Centinela del Mar albergan ecosistemas costeros de alto valor biológico. Entre las especies endémicas se destaca la Lagartija de las Dunas (Liolaemus multimaculatus), declarada Monumento Natural de la provincia de Buenos Aires, cuya preservación impulsa proyectos legislativos específicos.

En materia de servicios, el parador “La Lagartija” funciona en la antigua usina del pueblo. Allí se ofrece gastronomía básica, alojamiento reducido y un espacio interpretativo con objetos y fotografías vinculadas a pueblos originarios, como la comunidad tehuelche.

El paisaje se completa con la vieja Escuela Primaria Nº 16 “Alfonsina Storni”, una capilla, viviendas históricas y un vagón de tren restaurado. En conjunto, estos elementos refuerzan la identidad de un pueblo casi deshabitado que elige conservar su patrimonio natural y científico como principal legado.

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