Las bolsitas de nicotina comenzaron a ganar presencia en kioscos y comercios de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. Son pequeños sobres que se colocan entre el labio y la encía y liberan nicotina de manera progresiva, sin combustión ni vapor, lo que las diferencia del cigarrillo tradicional y de los dispositivos electrónicos.
El producto, conocido a nivel internacional como nicotine pouches, suele comercializarse en envases llamativos y con distintos sabores. Esa combinación, sumada a la ausencia de humo, contribuyó a que su consumo creciera en los últimos meses, especialmente entre jóvenes.
A diferencia de otros productos derivados del tabaco, estas bolsitas no requieren encenderse ni generan olor persistente. Sin embargo, contienen nicotina, una sustancia que produce dependencia y cuyo uso está regulado en Argentina, particularmente en lo referido a la venta a menores de edad.
Actualmente, la legislación nacional prohíbe la comercialización de productos con nicotina a personas menores de 18 años, pero no contempla de manera específica a las bolsitas de nicotina. Esa situación genera un vacío normativo que complica los controles y deja abierta la discusión sobre cómo deben ser reguladas.
Especialistas y organizaciones vinculadas a la salud pública advierten que la falta de información clara puede llevar a subestimar el impacto del producto. En ese sentido, señalan que la percepción de “menor riesgo” no siempre se corresponde con el contenido real de las bolsitas.
El debate sobre su venta y control se da en paralelo a un contexto más amplio de cambios en las formas de consumo de nicotina, con productos que buscan presentarse como alternativas a los cigarrillos tradicionales. En ese escenario, distintas voces reclaman mayor información para los consumidores y definiciones claras por parte de los organismos de control.
Mientras tanto, las bolsitas de nicotina continúan sumando presencia en los puntos de venta y abren una discusión que combina consumo, regulación y hábitos entre los más jóvenes.