viernes 02 de enero de 2026 - Edición Nº2585

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“Los colegios inmobiliarios dicen ser la reserva moral de la industria, pero los consumidores eligen la innovación”

11:12 |El empresario Jorge Amoreo Casotti repasa los orígenes de la intermediación inmobiliaria y afirma que los Colegios de Martilleros y Corredores crearon la “falacia de la profesionalización”.



En una extensa y reciente publicación que resulta particularmente elocuente en un año marcado por el debate sobre la desregulación inmobiliaria, el empresario más activo a la hora de defender las ideas libertarias, Jorge Amoreo Casotti –CEO y fundador de la proptech Pint–, repasó la historia de los Colegios Inmobiliarios.

Amoreo Casotti recordó que se cumplen 26 años de la promulgación de la ley nacional 25.028 “que otorgó el monopolio a los colegios inmobiliarios” en Argentina. Indicó que antes de ese momento, la intermediación inmobiliaria se movía al ritmo de la confianza, la capacidad personal y el acuerdo voluntario entre partes.

“Ese orden espontáneo, tan natural en toda actividad comercial, fue interrumpido, primero tímidamente y luego con una insistencia casi quirúrgica, por una serie de normativas impulsadas por empresaurios politizados que terminaron por encerrar al sector dentro de un laberinto de credenciales, restricciones y rituales”, consideró el empresario. Agregó que la “falacia de la profesionalización” derivó en un andamiaje legislativo construído para “vigilar y castigar a quienes osaran operar sin permiso del burócrata de turno”.

Además de hacer un repaso por diversas leyes y decretos que moldearon la actividad, Amoreo Casotti consideró: “Desde el año 2000 en adelante, los colegios inmobiliarios, multiplicados como reflejo de un mismo diseño y ya en manos de regulaciones provinciales, completaron el cerrojo: barreras educativas artificiales (de 9 a 900 días de instrucción), restricciones territoriales (asimilables a aduanas internas), controles de precios (vía aranceles mínimos y máximos), sanciones discrecionales (oficiando de juez y parte) y, finalmente, el argumento perfecto para cerrar el círculo: la falsa equivalencia entre profesión y profesionalismo”.

El fundador de Pint advirtió que los Colegios y sus restricciones motivaron un “secuestro y el traslado ilegítimo del valor desde las personas hacia las pseudo-instituciones que pretendieron monopolizarlo”. De todos modos, afirmó que en los últimos años el mercado hiperregulado consiguió evolucionar: “Mientras los colegios inmobiliarios dicen ser la reserva moral de la industria, los consumidores se dirigen hacia el talento, el servicio y la innovación. Y mientras algunos defienden privilegios, miles demuestran que la excelencia jamás surge de la imposición, sino del mérito que se gana en el terreno de lo cotidiano”.

Defensor de la competencia libre, Amoreo Casotti sostuvo: “Cuando un sistema necesita cada vez más regulaciones para sostenerse, es porque nunca tuvo legitimidad de origen. Cuando la historia muestra de forma tan clara cómo se secuestró una actividad en manos de un puñado de vivos que eligen operar dentro de un “coto de caza”, también señala el camino para liberarla. Y ese camino no exige muchos héroes: exige devolverle formalmente, desde las estructuras gubernamentales, la actividad a quienes siempre fueron sus verdaderos protagonistas: los individuos que aportan valor, los emprendedores que conectan necesidades y los consumidores que eligen”.

Y cerró: “Los insólitos colegios inmobiliarios son un subterfugio del intervencionismo estatal. No tienen nada que hacer en una República que pretende promover la libertad económica, la libre empresa y el respeto a las decisiones de los individuos”.

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